jueves, 1 de septiembre de 2016

Se te echa de menos

A principios de agosto, cuando media España estaba parada, se murió una amiga. Me llevaba con ella seis años. Tenía 28, casi 29. Así de duro. No era una amiga de las que has conocido hace años, a la que ves todos los días, a la que le cuentas todas tus cosas y a la que llamas la primera cuando tienes un problema. Pero sí una buena amiga, por muchas razones.

Llevo varias semanas pensando si publicar este post. Al final me he decidido. No tiene enlaces, ni vídeos, ni fotos, ni canciones. Es un post desnudo. Si alguien lo lee y le gusta, genial. Yo seguro que lo releeré muchas veces.

Era una amiga de las que conoces desde que nació (literalmente). De las que son hijas de los mejores amigos de tus padres. De las que recuerdas jugando a tu lado, en tu cuarto, en el salón de casa. De las que has tenido en brazos a duras penas siendo niño para sacarte la típica foto. De las que son algo especial porque son la hermana pequeña de un amigo de toda la vida. De las que has visto crecer, no querer comer, ponerse su primer disfraz (de bailaora, rojo con lunares blancos), suspender su primera asignatura, pelearse con su hermano mayor, beberse sus primeras copas, presentarte a su novio (luego marido)... De las amigas con las que tienes un vínculo diferente: no se prodigan en tu día a día, pero llevan toda la vida en tu entorno.

Se ha muerto de esa larga enfermedad que a veces no es tan larga y que hay llamar como se llama: cáncer. Murió por culpa del bicho, como decía ella. De un cáncer muy raro, esquivo, apenas conocido y de muy difícil acceso. Empezó en la boca, como lo que parecía una llaga, y acabó por todas partes: laringe, ojos, cuello, espalda... campando a sus anchas por las inmediaciones del cerebro. El primero que la derivó al hospital fue el médico de Familia que nos trató a los dos trató durante toda nuestra infancia y adolescencia. La examinó y dijo una frase de la que ahora todos nos acordamos: "Esto no me gusta. Que te lo miren bien".

Mi amiga era enfermera. Cuando nuestro médico le dijo "esto no me gusta", sabía con quién hablaba. Una vez diagnosticado, mi amiga sabía a lo que se enfrentaba. Siempre puso al mal tiempo buena cara, aun cuando llegó un momento en el que no pudo comer ni apenas ver, aun cuando el tumor y/o el tratamiento -a saber por qué- le anulaban su personalidad y le hacían ver las cosas incluso más negras de lo que ya eran.

Desde el diagnóstico, hasta que todo acabó, pasó más de un año. Biopsias, operaciones, ingresos, traslados, vueltas a casa, reconstrucciones, quimios, radios, biológicos, inmunoterapia, participación en ensayos prometedores... Lo intentó todo, bien segura de que le merecía la pena. Llegó un punto en el que la solución era inexistente. Siguió intentándolo. Al final, enésimo ingreso, apagón progresivo, sedación, y fundido a negro hasta que se apagó.

Unos días antes del apagón, charlé con ella en un momento de cierta lucidez. Me despedí sin despedirme, vaya. Su "qué tal están mis niños" (que en realidad son los míos) se me ha quedado clavado. Igual que una conversación muda que tuvo con su padre sólo escuchando lo que él le susurraba mirándola a los ojos. Hay un recuerdo mejor que tampoco se me olvidará: verla, apenas sin fuerzas en la cama del hospital (el hospital en el que trabajaba), controlando y manejando todo el aparataje que la acompañaba (sondas, goteros, fármacos, rondas de médicos...). Como haciendose a sí misma su último servicio como enfermera.

He vivido la evolución de su cáncer desde cierta distancia. Con mucho whatsapp (a ver qué hago yo ahora con todas esas conversaciones con ella). Mi madre sí ha estado todo el rato al pie del cañón (vivía a unos metros de su casa). Para ella, mi amiga ha sido como una segunda hija. Sus padres y los míos se conocieron cuando compraron un piso, hace 40 años, en la misma urbanización. Mi madre y la de mi amiga son uña y carne, casi familia. Por añadidura, veo a la madre de mi amiga como a una tía. El hermano de mi amiga es para mí como un hermano mayor al que, aunque ves poco, importa: haber compartido tiempo y espacio en la niñez y adolescencia deja mucha huella.

Mi madre siempre pensó que el final que al final ha sido era inevitable. Un sexto sentido, un presentimiento malo, decía siempre. Algo que estaba escrito desde el primer diagnóstico. Yo pasé mucho tiempo pensando que saldría adelante. Mi madre acertó y yo me equivoqué. El bicho pudo con ella. Irse con 29 años es una putada, una injusticia, una pena, un desperdicio, una mierda de ley de vida. Es lo que hay.

Ahora estoy en éstas en las que no sabes si llamar todos los días a su hermano (tu amigo-hermano mayor) y a sus padres (tus medio-tíos). Si ceñirte a un whatsapp que intente reconfortar, aunque no sabes si va a ser peor para lidiar con la pérdida y superarla. Si dejar de hablar del tema. Parece que acordándote de ella ya haces algo por los suyos, aunque sea mentira. Igual da: los recuerdos vienen, y son bienvenidos. 

Se te echa de menos.

lunes, 9 de mayo de 2016

Otro ERE. Más recortes. ¿Periodismo? Ya...

Ya es triste paliar temporalmente mi crisis bloguera con esta entrada. Pero es lo que hay. Los currantes de Unidad Editorial (grupo en el que, aparte de los consabidos El Mundo, Marca y Expansión, están medios más pequeños como Diario Médico, donde llevo trabajando 12 años) nos vamos a comer otro ERE (Expediente de regulación de Empleo... despidos, vamos). El cuarto en los últimos 7 años. Ya vale, ¿no?

Por si te aburre este post (lo entendería), dejo un par de hashtag por si te apetece moverlos y ayudar a la difusión de las protestas contra el ERE. #EreSalvajeUE y #StopERErevistasUE. Este martes, como el anterior, hay convocada huelga en todos los medios de Unidad Editorial. La primera, el martes pasado, fue seguido por la inmensa mayoría de las redacciones. Su consecuencia más visible fue que El Mundo no salió publicado en su edición diara en papel.

Me pongo abuelo cebolleta. Cuando entré en Diario Médico trabajábamos en el periódico unos 25-30 redactores. Ahora apenas somos 15. La mitad. Por el camino, además de lo más importante (la gente), Diario Médico ha cambiado de dueño (de Recoletos a Unidad Editorial), ha perdido su edición diaria en papel, otros órganos de difusión, anunciantes, lectores, tirada... Pero seguimos haciendo un trabajo muy digno Y nos dejamos los cuernos en el día a día haciendo muchas cosas, algunas visibles y otras invisibles, con pocos medios.



El nombre que durante casi 25 años se ha hecho Diario Médico en el sector sanitario es difícil de borrar. Pero con la cara bonita no vale. Hay que mejorar, progresar, crecer, cambiar, pelear con el de al lado... Y con tanto recorte no es fácil. Parte de la calidad se puede ir quedando por el camino, además de las consabidas pérdidas cuantitativas. Lo del más con menos, malo. Lo del igual con menos, también. Al final, es menos con menos.

Todas estas vicisitudes no son responsabilidad de los jefes y directores de Diario Médico. Hace tiempo que el periodismo, como la mayoría de negocios, se rige por la economía a gran escala. Los gestores de los grandes grupos de comunicación como Unidad Editorial deben rendir cuentas (habría que analizar cómo) y, para ello, según lo que se autoimponen o lo que se les impone desde (aún) más altas esferas, hay que recortar. Bajar sueldos. despedir gente. Cerrar cabeceras. Perder calidad.

Siempre ha habido un gran buen rollo en la redacción. Cada poco tiempo (cuando podemos), hacemos quedadas multitudinarias. En las últimas, los ex-Diario Médico representan el 90-95 por ciento de los asistentes. Cosa que no tendría por qué ser mala per se... Pero es que llevamos años sin apenas poder contratar. Las apreturas (y otras razones) no permiten que los becarios se queden y engrosen la plantilla, y cuando se pierde un puesto (por el motivo que sea), ya no se repone. Diario Médico, como otros tantos medios, intenta sobrevivir. Haciéndolo bien y con dignidad. Pero últimamente avanza intentando sobrevivir, sin más.

El ERE al que ahora nos enfrentamos unos 1.400 trabajadores quiere, en líneas generales, prescindir de un quinto de la plantilla. Esto, bajado al barro, supone que medios como El Mundo y Marca podrían perder un cuarto se su gente. Que Radio Marca pueda perder a 17 de sus 30 trabajadores. Que dos cabeceras (Historia y Actualidad Económica) vayan a desaparecer. Y que medios especializados, como mi Diario Médico, sigan perdiendo efectivos. Redactores. Currantes. Los que hacen la información, vaya.

Viñeta de Forges, en 2010, hecha en el Congreso anual de Periodismo Digital de Huesca.

Así que este martes, como ya hicimos el martes pasado, estamos de huelga (quien quiera hacerla, por supuesto). Lo hacemos no para protestar contra quien maneja tan disparatado ERE (que también), sino para defender nuestro puesto de trabajo. Y para defender los medios en los que trabajamos, ya que muchos les tenemos aprecio. No paran de adelgazarnos y algunos quieren nos matar de inanición con formas equivocadas. Lo que propone la empresa no es inviable (lamentablemente, las cosas pueden salir con menos gente y con más precariedad), pero es casi un tiro de gracia a un proyecto "periodístico" que los grandes jefazos siguen defendiendo. Incongruente.

¿Que todo esto el futuro a corto plazo del periodismo? Quizá. ¿Que no hay otra? Puede, pero lo dudo. Ése es otro debate en el que no quiero entrar aquí. Mientras sigan recortando así, pero quieran mantener lo que aún llamamos periodismo, esto no tiene sentido alguno. Entiendo que un negocio muera si no funciona económicamente (Diario Médico no da pérdidas y, sin alegrías, puede considerarse rentable), pero no entiendo que siempre lo paguen los de abajo, y que avanzamos con buenas palabras y promesas que, cada cierto tiempo, siempre se acaban convirtiendo en tijeras.

Pues eso. Huelga. A mi pesar. Pero es lo que hay. Llegará un momento, si esto sigue así, en que no nos quede nada que defender.



lunes, 7 de marzo de 2016

Pseudociencia y ciencia mal utilizada: no es lo mismo

Por fin cierta inspiración para una breve entrada en el blog. Ahí estaba la idea, pero el subidón 2.0 tras participar en #ConverSalud ha sido definitivo para escribir esta entrada en vez de dejarla correr, como me pasa últimamente.

De entrada, dejo el hilo que me ha impulsado a escribir este post. Gracias a @vbaosv, @juanGrvas @rafabravo y @enriquegavilan por la inspiración. Todo partía de este post del primero, cuyo contenido comparto:



¿Leído? Pues va mi opinión. Las pseudociencias son lo que son: prácticas con cierta aceptación disfrazadas de ciencia sin evidencia científica que las respalde. Otra cosa es el mal uso de las ciencias que sí que cuentan con evidencia (y que, por supuesto, son falibles), como la Medicina. Ambas son criticables en el fondo, pero hay que hacerlo con diferentes formas.

Estoy muy en contra de las pseudociencias. Y también en contra del mal uso de la Medicina. Pero creo que extender el uso del término pseudociencia al ámbito de la práctica médica mal entendida, errónea, excesiva, etc,etc., es desacertado.

Debería ser fácil fácil (aunque visto lo visto...) criticar la homeopatía y el reiki, por poner dos ejemplos conocidos. Pero no lo es tanto acertar con la medicalización, la medicina defensiva, el exceso de pruebas diagnósticas, las terapias desacertadas... A veces, lo que a un médico la parece un acierto, a otro puede parecerle un error. El caso es que ambos juegan a lo mismo, con las mismas reglas, cosa que no hacen los que se valen de las pseudociencias. Quizá uno de esos dos médicos lleve razón, quizá no, o quizá sea cuestión de grises. Tachar a uno de ellos se pseudocientífico es arriesgado y puede ser inexacto e injusto en muchos casos.

Para luchar contra la Medicina mal encaminada están los profesionales sanitarios. Poco puedo decir ahí. Yo, que sólo soy un paciente y un periodista medianamente especializado en el tema, creo que lo primero es evaluar, debatir y consensuar para ver qué prácticas son evitables/mejorables. Después, eliminar en la medida de lo posible las que no correspondan a un buen uso de la Medicina.

Además de las muchas voces individuales que lo piden, ahí está, por ejemplo, el proyecto común del Ministerio de Sanidad y las sociedades médicas, que está desarrollando un listado de qué no se debe hacer. Debería ser una suerte de aplicación del choosing wisely a la española, un principio para buscar una Medicina más adecuada y apropiada. Veremos si funciona y pasa de la teoría a la práctica. Ojalá esté hecho sin intereses de por medio. Es sólo un ejemplo: cualquier iniciativa para afinar la Medicina es bienvenida, ¿no?

Hay que avanzar en este sentido. Pero ojo con sugerir que la Medicina es una pseudociencia si no se utiliza correctamente. Me parece un jardín. No es lo mismo la mala medicina que la no medicina, aunque ambas sean dañinas.


martes, 19 de enero de 2016

App médicas: la potencia sin control no sirve de nada...

Hoy los compañeros de @Papel _EM han publicado un tema, firmado por @e_paniagua, sobre la proliferación de app médicas. Lo puedes leer aquí. Como las fuentes consultadas son un acierto (@juliomayol y @doctorcasado), la conclusión que se saca es acertada: no evaluamos lo que ponemos a disposición del paciente y, además, a veces hacemos uso de ello en circuitos estancos y ajenos al global del sistema sanitario. Ojo, que esto no quiere decir que no haya que apostar por las app médicas. Todo lo contrario, porque tienen muy buna pinta. Pero no lancemos las campanas al vuelo...

Me viene a la mente un término que me recordó no hace mucho @jaime_delbarrio: infoxicación (y sobre el que escribió hace unos años @navarrotradmed). Hay cierta tendencia a dejar pasar el tren por exceso y por incapacidad de centrar el tiro cuando lo que está a nuestro alrededor abruma. Igual que pasa con el manejo de datos genómicos, la explosión de las app médicas tiene su cara y su cruz: surge una herramienta potencialmente muy útil, pero queda difuminada por su indefinición. Lo de la potencial consulta médica en el bolsillo de los usuarios...


Basta con googlear 'app médicas' para encontrarte con decenas de varipintos listados sobre 'las mejores aplicaciones'. Ya hace dos años, las cifras de negocio de la mHealth sorprendían a propios y extraños. ¿Se puede decir cuáles son las mejores? ¿Y las peores? Vaya por delante que algunos informes intentan hacerlo, como éste de las 50 mejores app de salud, de The App Date. A todo esto, ¿Caducan las app médicas, como se preguntan en el blog Nuestra Enfermería?

El caso es que la mayoría de profesionales sanitarios no conocen el mundo de las app sanitarias, y que muchos de los pacientes que las utilizan, o que piden valerse de ellas, están expuestos a un desconocimiento sobre su utilidad real. Ojalá que iniciativas como Asociación Salud Digital aporten algo de luz al asunto. La oferta crece y crece, pero, como decía un anuncio de la tele, la potencia sin control no sirve de nada...


lunes, 18 de enero de 2016

La prensa concilia #periodistaconcilia

Érase una vez un periodista que salía de casa a las 8:30 y volvía doce horas después. No se pasaba esas doce horas currando, pero primero llevaba a sus dos hijos a la guardería y al colegio y luego se tragaba hora y media de coche entre ida y vuelta, con reiterados atascos. Comía en la redacción con sus compañeros, en un comedor comunitario situado a 100 metros de su ordenador. Tenía la suerte de no trabajar, salvo muy escasas excepciones, los fines de semana.

La jornada laboral de este periodista, en términos de su profesión, es bastante respetable comparativamente hablando. Algunas horas extra, como en casi todos los medios, pero dentro de unos parámetros digamos que adecuados (hubo tiempos peores). Pero el caso es que este periodista tiene una mujer, dos hijos y una vida propia, trinomio difícilmente compatible con ese término que tanto cuesta introducir en el sistema laboral español: conciliación.

Escribo esto hoy porque, gracias a @gemalalbendea, he pasado un rato informándome sobre la iniciativa La prensa concilia #periodistaconcilia, lanzada por la (buena) gente del movimiento social #mamiconcilia. Aquí puedes leer el comunicado que han hecho y, de paso, colaborar con la causa contando tus impresiones sobre el periodismo y la conciliación laboral y familiar. Yo ya lo he hecho.


Campaña #periodistaconcilia, de la gente de @mamiconcilia


Mi situación, dentro del conflicto conciliador, no es nada mala. Muchos compañeras, periodistas y de otras profesionales, lo pasan mucho peor. En mi casa somos dos periodistas (cosas de un entorno endogámico...) y dos niños pequeños y, mal que bien, salimos adelante. Si vienen mal dadas, tenemos abuelos cerca que están encantados de quedarse con los pequeñajos.

Para engrosar una costumbre que, lamentablemente, sigue primando en este país (ésa por la que es la mujer la que más cuida de los hijos), es mi bianamada esposa (la @gemalalbendea de unas líneas más arriba) la que, después de currar en casa por la mañana, pasa las tardes con ellos hasta que yo vuelvo del curro.

E quando arrivo a casa... no tomamos café descafeinado, sino que pasamos un ratejo juntos apañando a los peques con ciertas prisas e intentando disfrutar el momento. Luego cenamos y, mientras yo trato de desconectar un rato, ella y curra otro poco antes de acostarse, porque es periodista freelance y autónoma (échale...). Vamos, que en el día a día mi idolatrada mujer y yo cruzamos tres palabras mal contadas.

La Asociación de la Prensa de Cádiz (APC) ha lanzado hace unos días la campaña #LaPrensaConcilia
Del dicho al hecho hay un trecho...

Lo del periodismo tiene, entre otras muchas otras cosas, una cosa potencialmente a favor de la conciliación y otra en contra. La buena primero. En ciertos medios y trabajos (como en el mío), puede dejar sitio al teletrabajo (digo puede, porque es un modelo apenas extendido) y a una jornada flexible escasamente explorada todavía. Ahora la mala. Como no hacemos tuercas, la noticia no descansa y la mentalidad sigue siendo la de echar horas, la profesión a veces exige respuesta y dedicación inmediatas en momentos inesperados.

Dicho esto, en periodismo se podría establecer un modelo pro-conciliación mucho más adecuado que el actual, que es casi inexistente y/o residual. Mucho nos queda por hacer para progresar en esto de la conciliación. Escribir un post y sumarse a una iniciativa es sólo un granito de arena, pero sirve para avivar el debate, implicar a gente, sacudir el árbol y conseguir, poco a poco, que el tema cale donde tine que calar, allí donde se toman las decisiones (o deberían tomarse).






jueves, 14 de enero de 2016

Fin de la epidemia de Ébola. Sobre la mortalidad

Esta mañana Hemos amanecido con una noticia que no por esperada deja de ser tan buena. Con la declaración de Liberia como país libre de enfermedad, la OMS ha dado por acabad la epidemia de Ébola, más de dos años después de su inicio, fechado el 28 de diciembre de 2013, cuando falleció el considerado caso 0 de la epidemia.

Más de 500 personas han sobrevivido al virus en Elwa3, el mayor centro de tratamiento del Ébola, situado en Liberia.
La foto es de Médicos Sin Fronteras.

La epidemia deja cifras tremendas, con un total de 28.637 casos confirmados y 11.315 muertes. En un principio, en 2014, se hablaba de unas cifras de letalidad del virus que podían alcanzar el 90 por ciento, como reconocía la propia OMS a principio de 2014

Pasados dos años, el final de la epidemia deja una mortalidad que no alcanza el 40 por ciento (39,51 por ciento, concretamente), cifra menor que la que citaba la OMS en octubre de 2014, coincidiendo con el caso que sufrió España, cuando ya había más datos sobre la epidemia africana.

Echando un ojo detenido a las cifras en los tres países más afectados, Liberia, Guinea y Sierra Leona, los números son bastante diferentes, demostrando lo mucho que puede variar la ltalidad del virus según dónde se dé y las condiciones que lo rodeen.
 
- Liberia es el país con más fallecidos: 10.666 casos y 4.806 muertes, lo que deja el porcentaje de mortalidad más similar al global de la epidemia, un 45,05 por ciento de mortalidad.
 
- Guinea, el país con la cifra de letalidad, ha alcanzado el 66,6 por ciento de mortalidad, con 3.804 casos y 2.536 muertes.
 
- Sierra Leona queda como el paí que ha registrado más casos: 14.122, con 3.955 muertes, lo que deja el porcentaje más bajo de letalidad, un 28 por ciento de mortalidad.

La epidemia se ha ido, y ojalá no rebrote, pero estamos lejos de acabar con la enfermedad. A ver si sacamos algo bueno de lo malo y estos dos años de lucha contra el virus nos permiten arrinconarlo poco a poco. Ya hay una vacuna muy prometedora.

Me despido con una imagen que me pasó hace unas semanas la gente de Médicos Sin Fronteras, que, como decía esta tarde @manuelansede, ha atendido a 5.226 de los 28. 637 casos, salvando a 2.478 personas. 

Un sanitario de MSF atiende a Nubia, última paciente de ébola en Guinea hasta la fecha, en un hospital del país africano. (Samuel Aranda/MSF)

A MSF, y a las demás ONG, cooperantes, médicos, enfermeros, sanitarios, personal civil, instituciones, etc, que han puesto su granito de arena, y que lo siguen poniendo, GRACIAS.

domingo, 3 de enero de 2016

Un repaso cualquiera al 2015

Vamos con el consabido repaso del año. Sí, llego tarde, perfecta metáfora de mi relación con este blog desde hace meses. No me da la vida, como conté en mi último post del año.

He empezado 2016 como acabé 2015, desordenado, así que este post va a ser una mera enumeración de algunas cosas, sólo algunas, que me marcaron el año pasado. Me dejaré muchas, claro, pero es lo que tiene escribir un post a vuelapluma, algo que también tiene su gracia.

La aparición de Principia, un magazine de divulgación cultural y científica, confirma el buen estado de la comunicación en ciencia en los últimos años, como ya conté en esta entrada. La gente de Principia, comandada por @eroyuela, ha tenido, además, la gran idea de publicar también Principia Kids, destinada al público infantil. Ambas las tengo en casa y puedo dar fe de que merecen la pena. He puesto mi granito de arena siendo mecenas del proyecto, así que la satisfacción es doble.

Haceos con ellas. Merecen la pena

Mi premio a la mejor novedad bloguera del año 2015 es para @RaulCalvoRico, que empezó el 1 de enero del año pasado a nutrir su Medicina en la cabecera con emotivas historias del día a día de un médico de Familia que te llegan muy dentro. Más que recomendable.

No puedo dejar de hablar de la paliza que nos dimos mi compañera @lauragibanes entre noviembre y diciembre y yo con el especial pre-elecciones generales en @DiarioMedico, que cristalizó en mil acciones que podéis ver en los hashtag #EleccionesDM y #MiPrioridadEnSanidad. Sudamos tinta y conocimos bien nuestros límites, pero quedó chulo. Muchos nos ayudaron a que el trabajo luciera. Gracias.

Mi disco del año 2015, y son muy subjetivo e imparcial, es el último de Iron Maiden. Una maravilla, a la altura de algunos de sus discos ochenteros, y sin dudo el mejor de este siglo, compitiendo con su Brave New World de 2.000. El tiempo dirá si llega a pisarle los talones a sus Powerslave y Number of the Beast. Por supuesto, ya tengo mi entrada para verlos en Madrid dentro de unos meses.

 Tears of the clown, del Book of Souls de Iron Maiden. 
Dedicada, por cierto, al fallecido Robin Williams.

Más música, en este caso en directo. Por fin vi a los Kiss, en el Palacio de los Deportes de Madrid. Una menos en la lista de grandes del rock duro pendientes (no me quedan muchos...). ¿El concierto? Bastante bueno, pero, salvo algún pasaje, no me emocionó como me esperaba. ¿Mereció la pena? Claro.

Kiss y su Rock and roll all nite

Como siempre, he leído mucho pero menos de lo que me hubiera gustado. Ha sido un año de trilogías: me he leído La Trilogía del Baztán, que va de más a menos y finalmente no me ha dejado un gran poso, y Millennium, que me ha tenido pegado al ebook y que me parece un señor best seller, un par de escalones por encima de la mayoría de sus homólogos superventas.

También me leí, meses antes después de su muerte el pasado 28 de diciembre, la autobiografía de Lemmy Kilmister (cantante de Motörhead), un desenfreno en toda regla bien aliñado con algo de culturilla musical.

Vaya pérdida la de Lemmy.
Una forma de conocer su desquiciada vida durante 70 años

En abril del año pasado estuve en el Congreso de la ANIS, Asociación Nacional de Informadores de la Salud (@anisalud), en Oviedo. Estuvo muy bien, la verdad. Mucho curro de día y buen networking nocturno cerrando algún que otro bar. Aquí os dejo la mesa redonda en la que participé, en la que hablamos de medios de comunicación y crisis del Ébola.

Hablando en Oviedo, con la gente de la ANIS, de cómo se reflejó en los medios la crisis del Ébola.
No estuvimos muy afotunados, vaya. 

Poco cine he visto. Con lo que yo era. Me quedo con esa pequeña maravilla que es Inside out, de la gente de Pixar. Por cierto, que hace unas semanas sacaron un corto que continúa una de los orgumentos de la peli original. Para variar, genial.

Riley's first date. Échate unas risas...

No puede faltar en este post todo el tiempo que me ocupó en 2015 la Asociación de Comunicadores de Biotecnología (@acbiotecnologia). Hicimos nuestro primer congreso nacional y salió bastante bien, la verdad, dentro de nuestras posibilidades. Puedes leer aquí un resumen de cómo fue, vía @lluismontoliu y @jcestebans. Ya que se movió bien por redes sociales, también hicimos un storify, vía @itato. Mucho por hacer para este año. Ganas de seguir dándole vida a la AcB.

Para acabar, dejo un enlace a uno de los temas de curro que más me gustó hacer en 2015, sobre hashtag sanitarios y su alcance. Lo podéis leer aquí en Diario Médico y también podéis echar un ojo al post que dejé el respecto.  

Huelga decir que en 2015 hice muchas más cosas, y que me pasaron otras tantas más. Escuchar las primeras palabras de un peque y ver sus primeras caídas al intentar andar no tiene precio, claro. Vivir con una recién estrenada periodista freelance autónoma (que, además, tiene un alter ego 2.0 y se desdobla en @cibermadres y en este blog), tampoco. Pero hasta aquí llega este post... A darle duro al 2016.